EL TEMPLO DE LOS SENTIDOS – 2

Existen dos formas de ver la vida:

una es creyendo que no existen los milagros,

la otra creyendo que todo es un milagro.

(Albert Einstein)

CAPITULO 2: El ascensor

Carolina

Desde niña que siempre había soñado con ser una importante ejecutiva, con personal bajo mis órdenes, de adolescente fantaseaba con dirigir una empresa con personal masculino, donde podía ejercer mi poder, siendo deseada y temida por todos.

Sin embargo, ahora que he conseguido ese poder en una cima masculina, todos los días me parecen iguales, largas y tediosas reuniones con compañeros tan estresados como yo, sintiéndome una persona solitaria, dentro de ese gran grupo de individuos que solo saben trabajar, que no disponemos de tiempo libre, tal vez, porque no sabemos hacer uso de ese valorado tesoro.  

Ni siquiera puedo recordar cuando fue la última vez que me tome una copa con una amiga, cené con alguien que no sea un compañero o jefe, fui al cine, al teatro o a la ópera.

Además, aunque estoy todo el día rodeada de gente, me siento sola, quizás mi amiga Rocío tiene razón y lo que me hace falta es un buen polvo, puesto que llevo varios meses sin vida social ni sexual ni nada que no sea trabajo.

Simplemente, no tengo tiempo para una relación en pareja, aunque lo he intentado en un par de ocasiones. Primero estuve dos años con Tomás, un Ingeniero de barcos que viajaba a los puertos más importantes del mundo para construir yates de lujo, sin embargo, cuando llegaba a casa después de varios meses separados solo tenía ganas de sexo mientras que yo llegaba por la noche cansada, me apetecía tomarme una copa sentada en el sofá escuchando música clásica. Lo nuestro se acabó cuando publicó una foto en Instagram acompañado por una jovencita de grandes tetas y poca ropa.

Más adelante conocí a Miguel, un guapo empresario divorciado, un obseso del gimnasio al que solo le importaba lo que comíamos, poca carne, algo de pescado, mucha fibra y batidos de proteínas. Me cansé de sus excéntricas comidas y él no soportó tener que esperarme siempre, aunque fuese en el gimnasio.

Por suerte tengo un buen sueldo y me he podido permitir comprarme un ático bastante grande, con portería incluida, en una buena zona de la ciudad. Y aunque no paso muchas horas en casa la tengo decorada con toda clase de lujos, incluso tengo una bañera de hidromasaje.

Estoy a punto de llegar al portal y sé que me encontraré con esa pareja de adolescentes que aprovechan para besarse y meterse mano mientras esperan el ascensor. He llegado a pensar que lo hacen expresamente para ponerme caliente y, la verdad, es que lo consiguen. Luego, subimos en el ascensor y me miran sonrientes, ella masca chicle mientras él, que es el hijo de un juez conservador y una prestigiosa abogada, repasa descaradamente mi cuerpo entreteniéndose en mis pechos, revelando con su mirada, lo mucho que me desea entretanto yo evito su mirada para no mostrar cuánto me excita.  

Entro deprisa por el portal y los veo al lado del ascensor, justo cuando me ven aparecer aprietan el botón al tiempo que se besan apasionadamente, mirándome de reojo. Me coloco a su lado y les observo descaradamente hasta que llega el ascensor.  Entro yo primero y luego ellos dos abrazados como un solo cuerpo.

Mientras el chico aprieta el botón ella se acerca y me besa en la boca y, aunque me sorprende, dejo que nuestras lenguas se entrelacen, me gusta su sabor a fresa. Entonces el chico aprieta el botón de stop y el ascensor se para entre dos plantas. Aprovecho la sacudida para meter mi mano bajo su corta camiseta, no lleva sostén, tiene los pechos pequeños y duros, me gustan. Ella se sobresalta, supongo que no se lo esperaba, sin embargo, no se echa atrás, al contrario, con un ligero temblor en las manos me desabotona la blusa y mira asombrada mi sujetador negro, de blonda, carísimo, por donde transparentan mis abundantes pechos.

Por un momento, se me ocurre pensar en las terribles consecuencias que está situación me puede acarrear, ya que, estoy segura, son menores de edad. No obstante, no puedo parar, siento que ya no hay marcha atrás, así que seguimos las dos besándonos y acariciándonos hasta que llegamos al orgasmo, justo cuando.

Intento componer mi vestuario y me arreglo un poco el pelo, mientras el chico aprieta el botón de nuevo, salimos en la tercera planta, donde nos espera la señora Del Pino, acompañada de su caniche, las dos con el semblante enojado. Subimos a pie hasta la última planta y nos despedimos con una sonrisa. Y aunque sé que esta situación no se puede repetir, sueño, entusiasmada, con la posibilidad de volverlo a hacer.

Jessy

Conocer a Ricky es lo mejor que me podía pasar, vive en un ático enorme, con una asistenta que le hace la comida y mantiene su casa limpia. Es tan diferente de nuestro pequeño piso en las afueras, donde vivo con mis padres y mis seis hermanos. Solo hay agua caliente para el primero que entra en la ducha y la comida rica escasea.

No puedo decir que esté colgada de él, como lo estuve del “Pinzas”, pero es limpio, educado, solo me pide alguna postura del Kama Sutra y, a cambio, tengo toda la comida que quiera, puedo ducharme con agua caliente, me regala vestidos sexis del Bershka y nos bañamos juntos en el jacuzzi cuando no están sus padres.

El día que me propuso poner caliente a la vecina creí que me estaba tomando el pelo, sin embargo, cuando me propuso su plan, me di cuenta de que iba en serio. De entrada, he de reconocer que me puse un poco celosa, pero luego, cuando conocí a esa vieja que podría ser mi madre, pensé que podría ser divertido y entonces se me ocurrió que, una vez estuviésemos en el ascensor, podría besarla en la boca para ver cómo reaccionaba.

Se trataba de aprovechar la hora en que el portero ya no está para esperarla en el portal, nos besaríamos como siempre y luego, una vez en el ascensor, me acercaría a ella, la besaría y Ricky apretaría el botón de Stop, sería divertido ver su cara.

La primera parte del plan ha salido como habíamos previsto, sin embargo, no esperaba que, al besarla, me metiera la mano por debajo del jersey y me acariciase las tetas logrando ponerme cachonda. Me ha gustado notar su mano por debajo del jersey, así que le he seguido el rollo desabrochándole esa blusa tan cara que lleva y a partir de aquí, no sé cómo explicar qué ha ocurrido, solo sé que hemos acabado metiéndonos mano tan apasionadamente que nos hemos corrido las dos a la vez.

La verdad es que estoy muy sorprendida porque nunca se me había ocurrido que me gustaría montármelo con una mujer, además mayor. Lástima que alguien ha aporreado la puerta del ascensor y hemos tenido que dejarlo, arreglarnos rápidamente y disimular como si no hubiese ocurrido nada. Cuando Ricky ha puesto de nuevo el ascensor en marcha le he mirado de reojo y, aunque podría ser mi madre, pienso que es muy guapa y que tiene un cuerpo escultural. Como me gustaría que me invitase a su casa para repetir esta experiencia y, como soñar es gratis, tal vez, podría adoptarme.  

Ricky

Desde que Carolina se trasladó al ático contiguo al nuestro he tenido sueños eróticos con ella. Aunque seguramente me dobla la edad, es muy guapa, tiene un cuerpo espectacular, además siempre va vestida elegantemente, muy sexy, con unos zapatos de tacón de aguja que le estilizan sus largas piernas.

Tiene los ojos grandes, color miel y una larga cabellera pelirroja, muy bien cuidada. Mi sueño empieza en el ascensor, donde le quito su blusa de seda y el sostén de blonda para pasar mi lengua por sus pezones, luego ella me quita la ropa y follamos de pie.

Menos mal que tengo a Jessy con quien me puedo desahogar, porque con ella paso muy buenos ratos juntos, aunque sea un poco vulgar. Nunca me niega nada de lo que le pido, a cambio le regalo ropa, la invito a comer y le encanta que Lola, nuestra asistenta, la llame “señorita”.

Primero intenté enrollarme con alguna de mis compañeras de instituto, pero ellas solo flirtean, dejan que las bese, que las acaricie y nada más, cuando les pido que nos acostemos no hay manera. Con la única que logré mantener relaciones sexuales fue con Aída y, la verdad, es que lo pasamos muy bien juntos, pero se pilló de mí y me quería presentarme a sus padres, en plan formal, así que tuve que apartarme de ella.

Estoy tan obsesionado con la vecina que se me ocurrió pedirle a Jessy que me ayudase, como si fuese un juego, puesto que nos la encontramos a menudo en el portal. Empezamos besándonos delante de ella para ponerla cachonda, luego tramamos el plan de encerrarnos los tres en el ascensor y que Jessy la bese para ver su reacción.

Sin embargo, nada ha salido como estaba previsto, porque cuando Jessy la ha besado, Carolina le ha metido mano por debajo del jersey, luego se han besado y acariciado las dos, poniéndome tan caliente que no he tenido más remedio que desahogarme allí mismo, aunque me parece que ni se han dado cuenta. Ese giro de los acontecimientos y ver a dos mujeres gozando juntas solo ha conseguido que tenga más ganas de enrollarme con Carolina.

Hemos vuelto al mundo real cuando se ha escuchado a la Señora Del Pino gritar mientras aporreaba una puerta. Nos hemos mirado de reojo, riendo mientras nos hemos arreglado un poco, he apretado el botón de nuevo para que el ascensor suba hasta la segunda planta, donde nos estaba esperando la estirada vecina y su perrita.

Hemos salido del ascensor atropelladamente ante su mirada de desaprobación, hemos subido hasta nuestro piso corriendo y, una vez en el rellano, nos hemos saludado disimuladamente, aunque en mi cabeza intentó tramar un nuevo plan para encontrarme a solas con Carolina.  

(Continuará)

Lois Sans

26/12/2020

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