La caja de música – 17. Ha pasado un ángel

17.Ha pasado un ángel.

Cuando estoy a punto de contarle lo del gato a Jessy se abre la puerta y entra la inspectora. Me levanto precipitadamente, temblando, con la sospecha de que trae malas noticias.

  • Buenos días Raquel – saluda, mientras la observo intentando adivinar el significado de su semblante serio.
  • Buenos días, inspectora. ¿Hay novedades? – me atrevo a preguntar.
  • Sí, tenemos novedades. Hemos descubierto que Tomás es el jefe de una secta que lleva el nombre de “Conciencia Divina” También tenemos pruebas que nos llevan a deducir que él es el sospechoso que le atacó en el bosque. Tres mujeres de su edad le han denunciado porque las atacó, agredió y violó.
  • ¿Le han detenido? ¿Han encontrado a Leo? ¿Y María? ¿Y Alma? – la avasallo con todas las preguntas que me vienen a la mente.
  • No le hemos detenido, porque no sabemos exactamente dónde está. Nuestro equipo está investigando en masías de diferentes localidades, gracias a las informaciones que nos ha facilitado el marido de una mujer, la cual es propietaria de uno de los dedos encontrados en una caja de música.
  • ¿Cree que Leo está con él? ¿Forma parte de la secta? – pregunto angustiada.
  • Sospechamos que está con él, sin embargo, no estamos seguros de que forme parte de la secta voluntariamente. Eso lo averiguaremos una vez los encontremos. Pero no se preocupe, porque estamos rastreando varias zonas, por lo que, seguramente, les encontraremos pronto.

Me dejo caer en el banco, bloqueada, mientras noto que me falta la respiración y un sudor frío cubre mi cuerpo, hasta que, de repente, no siento nada, quizás estoy muerta.

Camino por un sendero entre una arboleda alta y verde, al final se ve una luz muy brillante, miro mi mano derecha, una niña me tiene agarrada con fuerza, como si temiera perderme, a su lado un pequeño gato gris nos acompaña, es Galimatías. Quiero preguntarle a la niña quién es, por qué me coge de la mano, dónde vamos, sin embargo, cuando abro la boca no me sale nada, ningún sonido, es como si me hubiese quedado muda.

De repente, la niña tira con fuerza de mi mano y me obliga a correr, mientras chilla:

  • Corre, viene detrás de nosotras, no quiere que lleguemos a la luz.

Me dejo llevar por ella y, aunque quiero preguntarle no puedo, así que corremos juntas, en dirección a la luz brillante que hay al final del camino. De repente tropiezo con Galimatías, que se ha colocado entre mis piernas, así que pierdo el equilibrio y me caigo. Estirada en un suelo suave y mullido, veo como la niña se aleja corriendo, tapando esa luz del final del sendero, me abrazo al gato y nos quedamos a oscuras.

Abro los ojos lentamente, un terrible dolor de cabeza se apodera de mí. Hay una señora vestida de blanco mirándome, me habla, pero no escucho lo que dice. Abro la boca, para preguntar quién es y me horrorizo al darme cuenta de que estoy conectada a una máquina, como mamá. Intento incorporarme, pero me pesa el cuerpo y no puedo moverme. Miro a mi lado, el gato y la niña ya no están, estoy muerta de miedo.

La señora de blanco me quita un aparato que tengo metido en la boca y eso me hace toser, pero ella me ayuda a incorporarme y me da un vaso desechable con un poco de agua, luego grita:

  • ¡Raquel! ¿Me escucha? ¿Cómo se encuentra?
  • No sé. ¿Dónde estoy? – logro pronunciar, maravillada de poder hablar, por fin.
  • Está en el hospital. Ha perdido el conocimiento y una ambulancia la ha traído aquí. Tranquila porque tanto usted como el bebé están bien – explica mirándome atentamente.
  • ¿Bebé? Yo no tengo ningún bebé – contesto abrumada.
  • Bueno, todavía no, pero usted está embarazada de unas diez semanas, aproximadamente – informa dejándome atónita.
  • ¿Embarazada? – sigo preguntando, sin acabar de creérmelo.
  • No se preocupe, todo irá bien – intenta tranquilizarme.
  • ¿Dónde está Jessy? – pregunto con lágrimas en los ojos, sintiendo una ola de emociones que no sé cómo definir.
  • En la sala de espera, pero si quiere puedo ir a buscarla – se ofrece sonriendo tímidamente.
  • Sí, por favor. Necesito que venga – indico sollozando.

Sale de la estancia y mis manos van directamente hacia el vientre, que acaricio como un autómata, alucinada de que dentro de mí se esté formando un pequeño ser. Tal vez esa niña que ha aparecido en mi sueño, cuando estaba inconsciente, forma parte de la vida que se está gestando en mis entrañas, sin embargo, en ningún momento he pensado en la posibilidad de que pudiese quedarme embarazada y, ahora, intento recordar cuando dejamos de tomar medidas de seguridad.

Siento que todavía soy una niña, que no hace mucho estaba jugando a muñecas con mis amigas, esforzándome en crecer, tal vez, más rápido de lo que es habitual, lo que me hace dudar de si estoy preparada para ejercer como madre y eso me atemoriza

No sé cuánto tiempo llevo filosofando hasta que Jessy asoma la cabeza por detrás de la cortina, con su bella sonrisa llevando alegría allá donde va. Aunque estoy preocupada no puedo evitar devolverle la sonrisa ella se abalanza sobre mí, abrazándome con fuerza, como si temiese perderme, mientras me pregunta al oído:

  • ¿Cómo está mi niña?
  • Bien, creo. Rara, con la cabeza a punto de estallar, hecha un lío – contesto con voz trémula,
  • Cuéntame, ¿qué te han dicho? ¿a qué se debe este desmayo? ¿te falta hierro? – me avasalla hasta que la corto susurrando:
  • Estoy embarazada
  • ¿Embarazada? ¿No lo sabías? ¿Cómo te sientes? – sigue preguntando.
  • No lo sé. Aterrorizada. ¿Crees que estoy preparada para ser madre? – pregunto mirándola fijamente a los ojos, intentando descubrir lo que piensa antes de que lo exprese.
  • Supongo que nunca se está lo suficientemente preparada. ¿Vas a seguir adelante con el embarazo? – cuestiona ofreciéndome una opción que yo ni siquiera había considerado.
  • ¿Crees que debo seguir adelante? ¿Tú qué harías si estuvieses en mi lugar? – sigo cuestionando.
  • Vamos a ver, primero debes tranquilizarte. También deberías considerar la opción de preguntarle al padre que opina. Supongo que Leo es el padre ¿verdad? – pregunta mirándome fijamente.
  • Por supuesto, hace seis meses que estoy con él y no he estado con nadie más – contesto un poco molesta.
  • De acuerdo, ya me lo imaginaba. Por eso te he dicho que deberías consultarle a él. Conocer su opinión, aunque, la última decisión la tienes tú – explica abrazándome.
  • ¿Y si no aparece? Tengo miedo, no sé dónde está – le digo al oído, como temiendo que alguien me escuche.
  • Si no aparece, deberás tomas la decisión tú sola, pero, que quede claro, que decidas lo que decidas, no estás sola, nosotros te apoyaremos. Recuerda que tienes una familia – expone aportándome un poco de sosiego.
  • Es verdad. Tengo suerte de contar contigo, con papá, con David, Cosme, en fin, confío mucho en vosotros, pero me siento un poco desamparada – revelo asustada.

Se abre la cortina y entra un hombre joven, alto, moreno y muy delgado, diciendo:

  • Buenos días Raquel, soy el doctor Joao Sousa. Aquí tiene el alta y los resultados de los análisis, que debería llevar a su médico, aunque lo único que tiene que hacer es descansar y relajarse. Más adelante deberá visitar a un ginecólogo para que le haga las revisiones pertinentes.
  • Gracias doctor – respondo aturdida, cogiendo los documentos que me entrega.

Con la ayuda de Jessy acabo de vestirme, nos cogemos del brazo y dejo que me guie hasta la salida. Al abrir la puerta, la caricia de unos potentes rayos de sol consigue que se me cierran los ojos, aunque no me impiden ver a papá, David y Cosme esperándonos bajo un árbol. Se acercan y me abrazan, preguntando los tres a la vez, lo que me hace imposible entender que están diciendo cada uno de ellos, sin embargo, me siento halagada y se me escapa una enorme y sincera sonrisa.

  • ¿Cómo estás? – pregunta papá.
  • ¿Qué te han dicho? – consulta David.
  • No es grave. Simplemente, estoy embarazada – explico sintiéndome un poco avergonzada.
  • ¿Embarazada? ¿De Leo? – cuestiona Cosme.
  • Si, de Leo. No he estado con nadie más – confieso ruborizada.

Nos quedamos todos en silencio, como intentando asimilar la situación, hasta que Jessy dice:

  • Dicen que cuando un grupo de personas se queda en silencio de repente es porque ha pasado un ángel…
  • Espero que este ángel me ayude a tomar decisiones y me de fuerzas para seguir adelante, porque estoy hecha un lío – confieso con voz trémula.
  • No tienes que preocuparte por nada, recuerda que tienes una familia que te quiere – dice papá abrazándome con fuerza.
  • Si no te sientes con fuerzas para ir mañana a la boda, no te preocupes, yo me ocuparé de todo. Tal vez deberías quedarte en casa y descansar – propone Cosme.
  • No, de ninguna manera. No quiero quedarme en casa, comiéndome el tarro. Seguro que lo pasaré mejor haciendo fotografías, por lo menos me sentiré útil – respondo sin dudar.
  • ¿Qué os parece si vamos a comer en el “Ajo y Perejil” y trazamos un plan? – propone David.
  • Buena idea – dice Cosme mirando el reloj – Pero antes voy a pasar un momento por el Estudio, estoy esperando una visita.
  • ¡El Estudio! – recuerdo de repente, sin saber exactamente qué ha pasado.
  • Cuando has perdido el conocimiento, he avisado a una ambulancia, he llamado a Cosme, he puesto una nota en la puerta y he cerrado con llave – explica Jessy sonriendo.
  • Gracias, Jessy. Eres muy eficiente – declaro aliviada.
  • Son casi las dos. ¿Qué os parece si vamos a comer, de una vez? – insiste David.
  • Venga vamos, Raquel viene conmigo – informa Jessy cogiéndome del brazo mientras David y mi padre se van juntos.

Cuando llegamos al restaurante, Carol nos ha preparado una mesa redonda en el rincón, un lugar muy acogedor. Se acerca a mí y me abraza mientras me dice al oído:

  • Cuenta conmigo para lo que sea.
  • Gracias Carol – contesto abrumada porque todos me están apoyando más de lo que podía imaginar.

Mientras escogemos los platos del menú, llega Cosme, que parece aliviado, como si hubiese solucionado una buena parte de su problema, el cual, ya es bastante importante. Se sienta a mi lado y mientras decide lo que comerá, me acerco y le pregunto al oído:

  • ¿Has podido solucionar tu problema?
  • Estoy en ello, luego te cuento – me informa satisfecho.
  • Me alegro mucho – indico sonriendo.

Pasa el tiempo rápido, comiendo y charlando, compartiendo anécdotas, por lo que me siento orgullosa de esa maravillosa familia que desconocía que tenía. Cuando tomamos los postres, Cosme me propone:

  • Será mejor que te tomes la tarde libre. Yo iré al Estudio y prepararé todo lo necesario para mañana.
  • De ninguna manera, tío. Estoy bien y creo que necesito hacer esto. Voy a preparar el material para mañana y, si te parece, lo supervisas por si se me olvida algún detalle – afirmo.
  • De acuerdo, como quieras. Sin embargo, tal vez sería mejor que esta noche te quedes en nuestra casa, no creo que sea conveniente que te quedes sola en esa casa, apartada de la civilización. Además, mañana tendremos que levantarnos temprano, por lo que será mejor que después pasemos a recoger todo lo que necesites – plantea él.
  • ¿Y si llega Leo? No me encontrará – insinuó.
  • En el caso de que Leo volviese a casa, sabe perfectamente como localizarte. Así pues, no te preocupes y piensa un poco más en ti – indica un poco mosqueado.
  • Es que he adoptado un gatito. Se coló esta madrugada por la ventana de la cocina y lo he dejado solo en casa, sin comida – explico sonriendo.
  • ¿Tienes un gato? – pregunta Carol que ha escuchado la conversación al dejar una infusión delante de mí.
  • Esta noche me ha hecho compañía – explico mientras todos están pendientes de la conversación.
  • Pues no deberías. Es muy peligroso para las embarazadas porque los gatos pueden estar infectados con toxoplasmosis, lo que puede llegar a producir malformaciones en los fetos – explica Jessy.
  • Bueno hasta ahora no sabía que estaba embarazada y no sé si seguiré con el embarazo. Tengo que pensarlo bien, tal vez no estoy preparada – explico disgustada.
  • Mira, haremos una cosa, iremos a tu casa, dejaremos comida y bebida al gato. Luego coges todo lo necesario para mañana y te vienes a dormir con tu Lidia y conmigo. Luego ya decidiremos que hacemos con el gato y si es conveniente que te quedes sola por las noches – propone Cosme mientras se levanta para ir al baño.
  • Cosme tiene razón, no deberías quedarte sola en esa urbanización, ni siquiera tienes carnet de conducir y mucho menos coche. – revela papá.
  • Creo que deberías plantearte la posibilidad de trasladarte a casa, conmigo y con Carol. Total, esa también es tu casa, tienes tu habitación, tal y como la dejaste cuando te marchaste. – propone David.
  • Claro, por supuesto, esa es la mejor opción – confirma Carol sonriendo.
  • Bueno, ya lo pensaré. Por ahora mi casa es la de Leo, donde he vivido los últimos seis meses – explico un poco molesta.
  • Bueno, familia, debo irme. Ya casi es la hora de abrir y tengo muchas cosas que hacer – explica Cosme.
  • Vengo contigo – digo poniéndome en pie.
  • Puedes quedarte un rato más, si quieres – dice él.
  • No, quiero ayudarte a prepararlo todo. Tenemos mucho que hacer – expreso sonriendo.
  • Yo también debo irme, esta mañana ya he pedido permiso para ir al hospital cuando me he enterado de que Raquel estaba en urgencias – dice David levantándose también.

Mi padre, Jessy y Carol se quedan mientras David, Cosme y yo nos despedimos. Cuando vamos hacia el aparcamiento David insiste:

  • Eso que te he propuesto de venir a vivir a casa, con Carol y conmigo, lo he dicho en serio. Creo que deberías planteártelo, es lo mejor para ti. Luego ya decidirás si sigues con el embarazo. Recuerda que nosotros te apoyaremos en todo, decidas lo que decidas. ¿Verdad, tío? – consulta David.
  • Por supuesto, estamos contigo, mi niña – confirma Cosme.
  • Gracias, lo pensaré, de veras – digo indecisa.

Llegamos delante del coche de David y nos abrazamos, mientras siento que es cierto que el abrazo del hermano mayor es terapéutico, porque noto como su energía pasa de su cuerpo al mío y es como si recargase las pilas, porque me siento eufórica.

En pocos minutos estamos en el Estudio y mientras Cosme aparca en el garaje, abro la puerta, las luces y voy hacia la habitación donde guardamos el material para empezar a preparar todo lo necesario para la boda de mañana.

Aunque escucho el timbre de la puerta, no hago caso, segura de que debe ser Cosme que ya está de vuelta hasta que escucho una voz femenina que grita mi nombre. Salgo deprisa y me encuentro con la inspectora. Cuando la veo, de pie, mirándome, tengo un presentimiento y mi corazón da un vuelco, acelerándose más de la cuenta.

  • Buenas tardes Raquel ¿Tiene un momento? – pregunta en su tono serio y profesional de siempre.
  • Si, por supuesto, inspectora. ¿Tiene novedades? – pregunto con el corazón cada vez más acelerado.
  • Si ¿qué le parece si nos sentamos? – propone poniéndome cada vez más nerviosa.
  • De acuerdo, sentémonos, pero dígame de una vez que han averiguado – suplico notándome el pulso más acelerado de lo normal.
  • Hemos desarticulado la secta Conciencia Divina – explica mostrando un esbozo de sonrisa – encontramos diez personas encerradas en una masía alejada de la civilización, entre los que se encontraban Tomás y Alma. Algunas de ellas presentaban principios de gangrena en alguna de sus extremidades, dependiendo del dedo que les habían cortado. Solamente tres están graves, las otras, aunque están ingresadas en el hospital, no tendrán que amputarles ningún miembro. Un dato curioso es que eran mujeres de edades entre veinte y treinta años y el único hombre era Tomas. – sigue informando, aunque nada de lo que me dice considero que sea importante.
  • ¿Y Leo? ¿Cómo está? – pregunto temiendo que sea uno de los amputados.
  • Bueno, eso iba a comunicarle ahora. Ni Leo ni María estaban entre los integrantes. Cuando analizamos los dedos que encontramos en las cajas de música, averiguamos quienes eran las integrantes de la secta. Los dedos de Leo y María no estaban, lo que nos hizo pensar que habían huido de Tomás. Continuamos buscándolos, aunque ahora nos movemos en aeropuertos, estaciones de tren y de autobús. También hemos repartido la matrícula del coche de Leonardo en todas las Comisarias por si alguien lo reconoce. – informa dejándome aliviada por una parte y estupefacta por otra.
  • Entonces, ¿me está diciendo que han escapado juntos? – me atrevo a preguntar.
  • Eso parece. Por lo visto María no se ha llevado nada de su domicilio ni de la residencia de sus padres. ¿Y Leonardo? ¿Ha encontrado a faltar algo de su casa? – interroga.
  • No, el día que desapareció nos fuimos por la mañana juntos, luego me llamó diciendo que vendría tarde a casa y ya no volvió, pero su ropa y sus cosas siguen en su lugar – explico.
  • Tranquila Raquel, les encontraremos. Seguro que tienen una explicación – intenta tranquilizarme.
  • No sé qué pensar, le he estado llamando al móvil y siempre me dice que está apagado o fuera de cobertura – indico nerviosa.
  • Entiendo, no sé que decirle, solo puedo asegurarle que les encontraremos – dice levantándose mientras me acaricia las manos, lo que la hace parecer más humana y no tan profesional.

Vamos juntas hasta la puerta y se despide asegurándome que me seguirá informando del resultado de las investigaciones. Me sobresalto, asustada, al girarme y encontrarme a Cosme detrás de mí. He estado tan concentrada en la conversación con la inspectora que no me he enterado de que ha pasado por delante de nosotras.

Se acerca y me abraza en silencio, haciendo que me sienta protegida, aunque, no puedo dejar de pensar en Leo, María y esa nueva vida que está brotando dentro de mí.

(Continuará)

Lois Sans

30/04/2019

 

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