Interrogatorio

Capítulo 7

Entramos en la Policía, papá y yo abrazados, mi hermano viene detrás. Siento un nudo en el estomago y un enorme peso en el pecho que  casi no me deja respirar.

No sé por qué, siempre me había imaginado que las oficinas de la policía eran oscuras y olían mal. Creía que olían a sudor, a ignorancia, a delito. Aunque  me pregunto ¿cómo huelen los delitos?

Sin embargo, un agradable e intenso aroma a manzana ha sacudido mi olfato, recordándome una época de mi infancia en la que iba a casa de los abuelos a comer y, estoy segura, olía igual.

Aunque mi padre me ha empujado por un pasillo largo y estrecho, intentando que nadie nos molestará,  una policía se ha interpuesto en mitad de nuestro camino diciendo:

  • ¿Esta preciosidad es tu hija, Álvaro? Es mucho más guapa que tú y, seguramente, más inteligente.

Papá, con  una sonrisa de cortesía, ha seguido empujándome hasta meterme en una sala vacía con una mesa larga y varias sillas.

Nos sentamos de frente, mirándonos a los ojos, mientras mis piernas no paran de temblar. Empieza a hablar, pausadamente:

  • Ahora ha llegado la hora de la verdad, pequeña. ¿De veras no recuerdas nada?
  • No, papá. Tengo recuerdos que van y vienen, imágenes que se cruzan en mi mente, pero, exactamente, no sé qué pasó – digo con voz trémula.
  • Vendrá una psicóloga y te hará unas preguntas para determinar exactamente qué tipo de amnesia padeces y qué terapia deberás seguir – me explica suavemente.
  • ¿Una psicóloga? Pero, no estoy loca, ¿verdad? – pregunto con lágrimas en los ojos.
  • Por supuesto que no, pero si no recuerdas nada de lo que pasó, debemos intentar averiguarlo – afirma con convicción.
  • Y ¿qué tipo de preguntas me hará? – intento averiguar
  • No lo sé, supongo que intentará investigar exactamente en qué momento has dejado de recordar – contesta en el mismo momento que una mujer alta y morena entra en la sala.
  • Soy Aurora Rodriguez, psicóloga – dice mientras le tiende la mano a papá.

David se acerca y, al mismo tiempo que se presenta, se saludan con un apretón de manos.

Mientras tanto, la observo detenidamente, vestida con un traje chaqueta azul marino, una blusa blanca, tacones de diez centímetros, bolso tipo maletín de “Hugo Boss” y ha dejado la estancia impregnada de un suave aroma a perfume caro.

Ella me mira esbozando una débil sonrisa, mientras dice:

  • Eres Martina, supongo
  • Sí, ella es mi hija Martina – contesta mi padre.Por favor, señor deje que sea ella la que conteste a mis preguntas. Creo que será mejor que nos dejen solas.

Se sienta en una silla, a mi lado, mientras abre su gran bolso y saca una carpeta repleta de documentos.

No  puedo dejar de mirarla y admirarla. Me incomoda y a la vez, no sé por qué, hace que me sienta segura, un sinfín de contraposiciones aparecen en mi mente.

Mira detenidamente a mi padre y luego a mi hermano, con una voz sumamente autoritaria ordena:

  • Agradeceré tengan la amabilidad de esperar fuera, por favor.
  • Vamos – dice mi padre visiblemente de mal humor. Y colocándose a mi lado, me dice al oído:
  • Si me necesitas, grita, entraremos enseguida.

Aterrorizada, tragando saliva,  hago un movimiento de cabeza, no me salen las palabras.

Lentamente y sin  dejar de mirarnos, salen los dos de la habitación. Nos quedamos solas y ella, mirándome a los ojos, me dice dulcemente:

  • No te preocupes, no te pasara nada. Seguro que nos entenderemos perfectamente.  Voy a hacerte unas preguntas y tu solo tienes que ser sincera, ¿de acuerdo?
  • De acuerdo – digo con un hilo de voz que casi ni se oye.
  • Empezaremos por los datos personales – dice entregandome un impreso y un bolígrafo.

Empiezo a rellenar el documento, el cual no tiene ninguna dificultad, nombre, dirección, fecha de nacimiento, etc. Cuando acabo se lo acerco y, sin ni siquiera mirarlo, lo mete en la carpeta y me pregunta:

  • ¿Cuál es el último libro que has leído?
  • Latidos de Francesc Miralles – contesto sorprendida
  • ¿Qué te gusta mirar en la tele? – sigue ella
  • The Big Bang Theory, Los Simpson, La Voz, Got Talent y películas – respondo sin pensar.
  • ¿Te gusta ir al cine? – sigue preguntando, mientras va anotando mis respuestas.
  • Sí, pero no voy mucho, lo encuentro demasiado caro – digo indignada.
  • ¿Qué tipo de películas te gustan? – continúa indagando.
  • Las de terror – contesto con una débil sonrisa en los labios.
  • ¿Qué haces en tu tiempo libre? – sigue interrogando.
  • Pues no sé, muchas cosas. Me gusta leer, ir a la piscina, jugar al tenis, salir con las amigas – intento recordar.
  • ¿Dónde fuiste la última vez que quedaste con una amiga? – me interpela mirándome fijamente a los ojos.

Me quedo en blanco y justo en ese momento, llaman a la puerta,  asoma una chica joven, más o menos de la edad de mi hermano. Le hace una señal a la mujer, que se levanta y sale ajustando la puerta.

Intento escuchar de qué están hablando, pero solo consigo oír frases sueltas: amigos, hospital, médicos, pruebas, interrogatorio….

Tal vez no han hablado nada de eso, puede que la mente me esté jugando una mala pasada. Me centro en la última pregunta que me ha hecho, pero no sé que contestar.

(continuará)

 

 

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