EL TEMPLO DE LOS SENTIDOS – 8

Solamente se ve bien con el corazón,

lo esencial es invisible a los ojos.

El Pequeño Príncipe.

Antoine de Saint-Exupéry

CAPITULO 8: Noche mágica

En la cima de un montículo se alza un edificio espectacular, ovalado, de cristal, cinco plantas de altura, con dos ascensores transparentes en los laterales, para cambiar de piso con comodidad, a la vez que se puede disfrutar de una vista panorámica de la ciudad, la cual se encuentra a sus pies. Es el Templo de los Sentidos, un proyecto arquitectónico ambicioso, pensado para que lo disfrute la élite mundial.

Una larga escalera de metacrilato transparente une el aparcamiento con la singular puerta de entrada, donde dos fornidos guardas de seguridad se ocuparán de que no se produzca ningún altercado.

A la derecha de la entrada se encuentra un mostrador negro, encima hay un bol transparente con caramelos de todos los sabores, una bandeja blanca con flores aromatizadas y una caja de madera con pañuelos de papel. Detrás del mostrador Marisol y Elena llevarán el control de las invitaciones que deberán entregar todos los asistentes, los cuales serán acompañados por varias camareras uniformadas con vestidos negros y una placa identificativa con su nombre a la altura del corazón.

A la izquierda, Teresa se encargará de que el Guarda-ropa esté debidamente ordenado. Al lado, el cuarto de baño para señoras, equipado con varios lavabos, agrupados bajo un inmenso espejo que ocupan toda una pared, al lado contrario seis puertas de caoba albergan los váteres, los cuales se limpian debidamente cuando se utilizan. Una mesa de caoba aloja cremas, colonias, cajas de pañuelos de papel, incluso un bol con pintalabios. La puerta contigua va a parar a los aseos de los caballeros, los cuales no tienen nada que envidiar del de las señoras, puesto que el personal de limpieza se ocupa de que siempre estén brillantes y huelan a flores recién cortadas.

En la pared contraria está la biblioteca, donde hay estanterías de metacrilato que llegan hasta el alto techo, varias mesas y sillas de madera blanca, cuatro pequeñas butacas de color negro, un sofá de piel, una repisa ancha con una cafetera de cápsulas, un termo con agua caliente y dos cajas de madera con infusiones. En la pared han clavado un cartel donde se prohíbe sacar ningún libro de la biblioteca, aunque se ruega a los lectores que disfruten del agradable ambiente para leer lo que deseen, en compañía de un café o una infusión.

Para subir a la primera planta se puede escoger entre una escalinata parecida a la de la entrada o el ascensor de cristal, el cual nos deja a un lado de la sala de baile, donde el suelo imita un tablero de ajedrez con enormes cuadros blancos y negros. En el centro de la sala hay un escenario ovalado que acogerá los mejores músicos, orquestas y cantantes que se irán sucediendo cada fin de semana y en algunas fiestas especiales como la de esta noche.

Alrededor de la sala, el decorador ha colocado estratégicamente mesas redondas de diferentes medidas, en color negro, algunas sillas blancas, otras negras, dispuestas al lado de los grandes ventanales desde donde se pueden apreciar las maravillosas vistas de la ciudad.

Al fondo una larga barra de bar en la que juegan el blanco y negro, igual que las lámparas del techo. Un equipo de bármanes y camareros se ocuparán de que a los comensales no les falte ningún refresco o cóctel. Al lado de la barra, una doble puerta corredera conduce hasta los Servicios, los cuales no son tan grandes como los de la planta baja, pero igual de lujosos y limpios.

En el segundo piso se encuentra la sala donde se podrá escuchar música al tiempo que se deguste alguna infusión exótica. En la amplia terraza que rodea la habitación se podrá fumar en pipa de agua perfumada. Una barra de madera de pino hace juego con los bancos de madera adornados con cojines de colores, mesas bajas sobre un suelo de láminas también de madera. Los cristales laterales están adornados por enormes macetas y jardineras con árboles, arbustos y flores de diferentes especies y colores. El suelo del interior también es de madera clara como la barra del bar. Grandes butacas y sofás de cuero marrón ocupan la sala, al fondo un pasillo conduce hasta los aseos, decorados con madera a juego con la sala y la terraza.

En la siguiente planta, la tercera, se aloja un casino, con el suelo enmoquetado en gris y rojo, a juego con la iluminación, las mesas de juego y la barra del bar. A un lado se encuentran varias máquinas tragaperras, a continuación, las ruletas, las mesas de blackjack y al fondo, reservadas por varios biombos las mesas donde se jugará al póker. 

En el cuarto piso está situado el restaurante, avalado por uno de los mejores chefs del Mundo, el cual ha escogido, personalmente, a todos sus ayudantes, desde el pinche de cocina hasta los camareros. Es una estancia ovalada, muy bien iluminada, con el suelo de mármol blanco, las mesas dispuestas estratégicamente alrededor de las vidrieras, desde donde se podrá disfrutar de las magníficas puestas de sol sobre la ciudad.

Las grandes mesas redondas están listas para recibir a los comensales, con manteles de lino blanco, caminos de mesa y servilletas en color rojo. Platos blancos, cubertería dorada, copas de cristal y algunos detalles navideños que adornan las mesas.  

Al otro lado de la gran puerta ovalada se encuentra la cocina, equipada con las últimas novedades para conseguir los platos más exóticos y exquisitos. Todo el personal trabaja contrarreloj bajo las órdenes del chef, el cual, antes de que empezasen a trabajar, los ha reunido para ordenar cada uno de los procesos por los que van a pasar, exigiendo profesionalidad para que los comensales empiecen a comer con suficiente antelación antes de que suenen las doce campanadas.  

Al extremo contrario de la cocina hay un pasillo que conduce hasta los cuartos de baño, encarados hacia la ciudad, separados del exterior por una gran cristalera desde donde se puede disfrutar del paisaje mientras tanto.

Una escalera de caracol conduce hasta la terraza, con césped artificial, donde un gran árbol iluminado anuncia una gran noche, al lado de la pequeña piscina ovalada, la cual, en verano, se convertirá en el alivio para noches calurosas.

Ha llegado el momento tan esperado, la inauguración del Templo de los Sentidos, el nuevo complejo de moda para la Jet Set de la ciudad y, como esperan los inversores, para los de cualquier lugar del planeta.

Se ha preparado un gran acto público con la asistencia del presidente, el consejero de Cultura, la alcaldesa y algunos Regidores del Ayuntamiento, con un gran despliegue policial para velar por su seguridad.

Por parte del Templo los cuatro socios estarán presentes en la inauguración, aunque Cristina Riera será la encargada de acompañar a las personalidades por las diferentes estancias de tan insólito edificio y explicar las cualidades de cada rincón.

Las invitaciones fueron repartidas con suficiente antelación y todos los invitados han confirmado su asistencia. Las notas de prensa fueron remitidas a todas las emisoras de radio, televisión, periódicos y revistas, tanto nacional como internacional, por lo que se espera un gran despliegue informativo.

Las autoridades han corroborado su presencia, algunos solo asistirán al acto inaugural, aunque la mayoría se quedará a cenar con familiares o amigos para celebrar la entrada del nuevo año en el local más moderno del mundo.

Cristina Riera

Arturo, uno de los guardas de seguridad de la puerta, baja corriendo la escalinata transparente cuando ve aparecer una limusina blanca, abre la puerta y aparecen unos zapatos de raso color cereza, a conjunto con el vestido largo, provisto de un corte lateral por donde asoma la larga pierna de Cristina. Arturo le cede una mano para ayudarla a salir con elegancia y ella le sonríe mientras le guiña un ojo. Se coloca bien la capa de seda negra y empieza a subir las escaleras tocándose el peinado recogido con una cinta de perlas a juego con los pendientes y el collar en oro rosa, donde una perla juguetona se columpia entre sus abundantes pechos. Mira su reloj de oro rosa para confirmar que llega con suficiente antelación para prepararse.

Todavía no comprende como ha sido capaz de meterse en este lío. Ha trabajado mucho y ha atesorado una fortuna que le ha permitido invertir en lo que ella piensa que va a ser el negocio del siglo. Para ello ha tenido que sacrificar parejas, quizás, una posible familia, sin embargo, ahora siente la excitación de haber llegado a lo más alto, donde puede codearse con el poder, la política y la riqueza.

Cuando le propusieron este negocio, pensó automáticamente que estaba hecho para ella, enseguida se hizo cargo de organizar lo que sería la inauguración y buscó una empresa de comunicación discreta que le ayudase. Ahora está un poco atemorizada, pensando que, tal vez, eligió una agencia demasiado inexperta, puesto que todos son muy jóvenes, sin embargo, le han asegurado que lo tienen todo controlado y ella, reza en voz baja para que así sea.

Ricardo Martín

Está muy enojado, le faltan dos meses para cumplir la mayoría de edad y su padre le ha obligado a pasar la noche de Fin de Año con ellos y sus aburridos amigos, abogados, jueces y procuradores. Y todo porque le pilló en su cama con Jessy. Al fin y al cabo, la culpa la tiene él, que llegó un día antes de su viaje a París. Bueno por eso y porque ha suspendido cuatro asignaturas, por lo que ha tenido que soportar un interminable discurso sobre los estudios y, ahora le obliga a decidir entre estudiar Derecho o ADE, incluso le ha insinuado que debería estudiar dos grados a la vez. ¿Es que se ha vuelto loco? Ni siquiera sabe si aprobará el Bachillerato, él había pensado estudiar Filosofía o Historia del Arte, que parece mucho más divertido.

Además, ha tenido que vestirse de etiqueta, con frac y pajarita, parece un pingüino. No se puede sacar de la cabeza lo bien que lo pasaría en la macro fiesta que organizaba uno de sus amigos en una masía, vestidos cómodamente, con vaqueros y sudadera, ligando con cualquiera y, después de las doce, tal vez echaría el primer polvo del año.

Cuando el Lexus se para, un joven se acerca, abre las puertas y observa como su padre le entrega las llaves del coche para que se lo aparque. Suben una original escalinata iluminada, entregan las invitaciones y les indican donde está el Guarda-ropa, parece que han llegado demasiado temprano, porque está vacío. Así que, aprovechando que sus padres están hablando con una de las chicas que hay en el mostrador de la entrada, decide ir a merodear un poco, esperando encontrar alguien o algo más interesante.

No sabe cómo ha llegado hasta un ascensor transparente, se sorprende al entrar y encontrarse de cara con su vecina Cristina. Se miran convencidos de que es una señal, de un trabajo que dejaron sin acabar en otra ocasión.  Sin decir nada, se besan apasionadamente y mientras ella le baja los pantalones él se deshace del mini tanga rojo. Solo bastan unos empujones para que los dos lleguen a un orgasmo. Justo un segundo después se para el ascensor y entretanto se arreglan la ropa y el pelo, miran abajo esperando que nadie los haya visto. Se abre la puerta, dos camareros los miran sorprendidos mientras observan como salen apresuradamente y cada uno va a una dirección distinta para disimular.

EDUARDO MONTILLA

Se siente muy orgulloso, ha conseguido dos invitaciones para la inauguración del mejor local de la ciudad. Ha alquilado un esmoquin con el que está muy elegante, ya que también ha podido reservar una mesa en ese prestigioso restaurante del que todo el mundo habla. Con esta jugada ha terminado de conquistar a Marta, la nueva secretaria de la oficina a la que tanto él como sus compañeros intentan seducir.

Notan la categoría del establecimiento cuando, al llegar, les abren las puertas del coche y un aparcacoches se hace cargo de su aparcamiento. Marta está radiante, con un vestido largo azul marino, una estola de piel y los zapatos de tacón. Se coge a su brazo mientras Edu se pavonea subiendo la escalera transparente. Cuando llegan a la puerta una señorita vestida de negro le pide las invitaciones, las busca en todos los bolsillos hasta que recuerda que las había dejado en la guantera del coche. No tiene más remedio que bajar y pedir al aparcacoches que lo acompañe mientras Marta se queda de pie en la entrada con el ceño fruncido.

Baja las escaleras tan deprisa que, al llegar abajo, choca con una mujer y casi la hace caer. La coge fuerte del brazo, se miran y reconoce a Carlota, su amiga de la infancia, con la que tuvo su primera experiencia sexual.

Sin poder evitarlo, se le ha puesto una sonrisa traviesa en los labios, al recordar las experiencias que vivió con ella hace muchos años. Se ha acercado y le ha dado dos besos en las mejillas al tiempo que ella retrocedía con la mirada atemorizada. Edu rememora aquella época con lascivia al tiempo que ella tiembla de rabia y temor. Levanta la mano y le planta una bofetada dejándole marcada su pequeña, pero dura mano en la cara, soltándole todos los insultos que le vienen a la mente ante un Edu asombrado, que se toca la mejilla dolorida sin comprender nada. Un guarda de seguridad la obliga a marcharse mientras el aparcacoches le acompaña a buscar las invitaciones.

Carlota se marcha deprisa, llorando, acompañada por ese triste recuerdo de su infancia, cuando aún vivía en el pueblo, donde no se ha atrevido a volver ni siquiera para ver a su madre.

Edu camina deprisa pensando en ella, siente que la desea, daría cualquier cosa por pasar un buen rato a su lado, nota que se le pone dura con solo imaginárselo.

La inauguración

Ha llegado el gran momento, está todo a punto, los medios de comunicación están preparados, incluso algunas cadenas extranjeras han empezado a filmar explicando con detalle lo que va sucediendo, paso a paso. Se puede observar una gran despliegue policial para salvar cualquier contratiempo.

Cristina ha saludado a todas las autoridades, seguidamente ha efectuado un discurso agradeciendo su presencia. Después hablan el presidente y la alcaldesa, que, a continuación, cortarán la cinta roja que simboliza el inicio oficial de la actividad.

Después del aplauso de los presentes, empieza el recorrido por todo el edificio, encabezado por Cristina que disfruta explicando las cualidades de cada rincón de tan emblemático inmueble.

Una vez han pasado por todas las salas, han subido por la escalera de caracol hasta la terraza en la última planta, donde hay preparado un piscolabis con canapés refinados, copas de cava en varias mesas redondas, adornadas con flores de pascua y velas rojas. Se han encendido las luces del árbol metálico que hay en el centro y de los pequeños arbustos que adornan la estancia.

Con los brindis de cava, Martini y otras mezclas de licor se crea un ambiente distendido entre chaqués, fracs, abrigos de visón y cachemir. Las mujeres sonríen mientras lucen sus mejores joyas y ellos comparten los mejores memes del año para poder alardear del último modelo de smartphone.

Cristina levanta su copa para formalizar un brindis que augure un feliz cambio de año para el Templo de los Sentidos y todos los presentes. A continuación, gracias a una brisa helada, los invitados van desfilando hacia el interior, algunos ocuparán la mesa que han reservado y el resto se marchará hacia el lugar donde han decidido pasar esta noche tan especial.

Cuando Cristina entra en el comedor, cada comensal ocupa el lugar que se le ha destinado, por fin podrá sentarse y relajarse un poco mientras sirven la cena.

Carmen Borrás

Ha conseguido dos invitaciones y cena en este local de lujo como compensación por conseguir una transacción millonaria en la empresa donde trabaja y un ascenso como jefe de zona. Lleva un vestido de raso color turquesa y una estola blanca que resalta en su piel tostada por los rayos uva que, desde hace quince días, está tomando para lucir un bonito bronceado. Su esteticista le ha confeccionado un recogido con diversas mariposas brillantes que hacen juego con los pendientes, el colgante y pulsera. Va acompañada por Berta Martín, que viste un mono de seda blanco, rematado con un ancho cinturón de piel negro, a conjunto con los zapatos de charol. Le han recogido el pelo con perlas de diferentes tamaños, como los pendientes y el largo collar.

Este será el primer cambio de año que celebren juntas, se sientan en una mesa cuadrada al lado de la ventana, para poder disfrutar de los fuegos artificiales que han prometido para recibir el nuevo año. Justo cuando los camareros empiezan a repartir los platos con los entrantes, Carmen se disculpa y se dirige al baño.

Mientras se lava las manos una voz que no le es desconocida pregunta:

  • ¿Carmen?

Se gira asombrada, una joven guapa y elegante la observa sonriendo. Después de examinarla detenidamente, descubre en su brillante mirada un gesto travieso de aquella muchacha con quien compartió su primera experiencia sexual en la buhardilla que, Berta y ella, han convertido en sala de estar. Sin poder evitarlo, murmura:

Marina…

Se abrazan en silencio mientras sus bocas se buscan y se funden en un apasionado beso, en un intento de revocar esos momentos de adolescencia que compartieron y que, de alguna forma, marcó sus vidas para siempre.

Sin pensar las consecuencias de que alguien las pueda sorprender, aprovechando que la encargada de los baños ha salido, se quitan sus elegantes vestidos, acariciando y besando cada rincón de sus cuerpos, dándose un placer que la urgencia del momento les ha solicitado.

Una vez han satisfecho la prisa por darse placer mutuamente, se intercambian los números de teléfono para quedar después de las Fiestas. Se arreglan el pelo y el maquillaje para ocupar cada una el lugar que le corresponde.

Fernando Ramos

Sabe que ha triunfado consiguiendo cuatro invitaciones para la inauguración del Templo de los Sentidos. Le acompañan su mujer Tina, su mejor amigo Jorge y su pareja Nuria.

Una vez están aposentados, recuerda con nostalgia cuando conoció a Tina, era la chica más guapa de la facultad. Cuando logro salir con ella todos sus amigos le repetían lo afortunado que era por haberlo conseguido. Decidieron casarse una vez terminaron el Grado, él encontró trabajo en una multinacional y ella estudió un Máster, para después entrar como Directiva en una importante asesoría. Más adelante se quedó embarazada de Lucía y después de Rodrigo, pero eso no ha impedido que siga siendo la chica más guapa y sexi para él. En cuanto a Jorge, todavía no sabe exactamente cómo sucedió, solo recuerda que le conoció cuando él y Nuria, una de las mejores amigas de Tina, decidieron compartir piso. Siempre le ha parecido un tío con suerte y mucho carisma, simpático, divertido, enamorado de su apasionante trabajo como creador de videojuegos, un individuo que siempre tiene algo interesante que contar.

Siempre se había encontrado a gusto a su lado, empezaron a ir juntos al gimnasio, se ayudaban con las máquinas, hacían carreras en la piscina y en las duchas no podía evitar mirar de reojo ese cuerpo tan perfecto, con los abdominales bien marcados, se preguntaba qué le pasaba si tenía una de las mujeres más bonitas del mundo y sus ojos vagaban por el cuerpo de un macho.

Sucedió de repente, un día que estaban solos en el vestidor, desnudos y sus miradas se encontraron y no pudieron reprimir el impulso de sus miembros que se empalmaron animándolos a buscarse con las manos, enzarzando sus lenguas, buscando placer.

A partir de ese día decidieron concederse sus “ratos a solas” como ellos lo definen, unas veces en casa de Jorge, otras en casa de Fernando, según la disponibilidad. Y todo iba bien hasta que Nuria les pilló, para Jorge no supuso ningún inconveniente, puesto que habían acordado vivir juntos para compartir gastos, pero solo tenían relaciones sexuales cuando los dos decidían que lo necesitaban.

Fernando, sin embargo, rogó a Nuria que no se lo contase a Tina, convencido de que ella no lo entendería, hasta que llegó el día que, escondida en el armario, averiguó del doble filo del sexo de su marido. Menos mal que, al contárselo a Nuria, ella supo darle la vuelta al asunto y, desde entonces, los cuatro tenían encuentros sexuales. Esos intercambios solían hacerlos el fin de semana que sus hijos desaparecían a casa de sus amigos, compañeros, novios, etc. Ellos cuatro aprovechaban para preparar comidas románticas y jugar a algún juego erótico, quitándose la ropa, bebiendo algún cóctel afrodisiaco y enrollándose todos con todos sin importar el orden.

Seguramente, esta noche, después de la cena, las campanadas y unos cuantos combinados empezaran el año celebrando su hermosa relación.

Tina Torres

Tanto ella como Nuria se han esmerado con los vestidos y peinados, por lo que están preciosas, a pesar de sus casi cuarenta años. Sin embargo, nadie se ha dado cuenta de que en la mirada de Tina hay un deje de tristeza, siente un peso en el pecho porque no sabe cómo encajaran los demás su secreto. No puede evitar pensar que su vida, siempre tan ordenada, está un poco “patas arriba”. Todo ha cambiado desde que pilló a Fernando y Jorge juntos. Se lo contó a Nuria y ella le enseñó a quererla de otro modo, lentamente, sin prisas, disfrutando de una manera diferente. Luego empezaron las cenas con juegos de mesa eróticos, más adelante los fines de semana sexuales, en su casa, donde, después de tomar algunas copas, montaban pequeñas orgías, cambiando varias veces de parejas.

En realidad, nunca se ha sentido cómoda con ese desorden sexual que lleva, porque ella es extremadamente ordenada, sistemática y previsible.

Por eso, ahora, no sabe cómo decirles que está embarazada y no sabe de quién. Primero pensó que era una menopausia prematura, fue al ginecólogo y la felicitó por su tercer embarazo, mientras ella cavilaba quién era el padre, preguntándose cómo se lo tomarán.

Felipe Rodríguez

Todavía no se lo puede creer, ha conseguido una plaza como camarero en uno de los mejores restaurantes de la ciudad y, quizás, del mundo, al lado de un prestigioso Chef. Sabe que, si esta noche todo sale bien, tiene posibilidades para que le hagan fijo o, al menos, que le firmen una carta de recomendación para cualquier otro restaurante de similares características.

Desde que su tío murió y se quiso encargar de su cafetería, solo había tenido problemas económicos y, al final, su tía decidió traspasarla, por lo que se quedó sin trabajo. Menos mal que estudió unos cursos de Hostelería y ahora le han servido para que le contraten, como mínimo, para esta noche.

Cuando han repartido las mesas, ha observado que a él le han adjudicado las cuatro mesas más grandes, así que deberá ir con mucho cuidado para no pifiarla, porque su futuro está en juego.

Cuando lleva los aperitivos a la primera mesa, advierte que está compuesta por doce bellezas jóvenes, vestidas elegantemente. No puede evitar pensar que podría enamorarse de cualquiera de ellas, sin embargo, se riñe a sí mismo y se obliga a concentrarse en el trabajo. De todas formas, no consigue desviar la vista de una de ellas, rubia, con el pelo recogido, con un vestido muy escotado que insinúa lo que hay debajo. Sus miradas se encuentran y se quedan enganchadas unos segundos, el tiempo suficiente para recordar el verano que empezó a trabajar con su tío y que, al salir de trabajar iba a buscar a Judith y una amiga suya para ir a un parque, donde pasaban un buen rato. Siente la necesidad de tragar saliva, luego coge aire, intenta disimular, mirándola de reojo. Observa que se ha convertido en una belleza, va dejando los pequeños recipientes con el aperitivo encima de la mesa y, antes de irse, comete el error de mirarla de nuevo, ella le guiña un ojo, eso quiere decir que lo ha reconocido. Se marcha dirección a la cocina con un ligero temblor en las piernas y una presión más arriba.

Cuando vuelve a la mesa de las chicas donde deberá seguir repartiendo los entrantes, se encuentra con la mirada sonriente de una compañera de Judith, la mira fijamente, ahora recuerda que se llamaba Laura, era una chiquilla delgaducha, pero ahora es una belleza. Le mira descaradamente y con el dedo le pide que se acerque, cuando está a su lado, introduce un papel en su bolsillo ante la mirada atónita de Felipe, que no sabe cómo reaccionar.

Intenta mostrarse profesional volviendo a la cocina como si no hubiese pasado nada, sin embargo, nota como si su bolsillo quemase, necesita urgentemente leer lo que le han escrito, tal vez sea su número de teléfono o, quizás, es una cita para mañana. No puede esperar, así que entra en la habitación que utilizan como despensa y, escondido tras una estantería saca el papel y lee:

“Te esperamos a las doce menos cinco en el baño de señoras para rememorar un verano inolvidable. No nos falles” Judith y Laura.

De repente, nota las manos sudorosas y la garganta seca. Siente como su “yo formal” le dice que no ponga en peligro su trabajo por tontear con dos chicas, no vale la pena. Sin embargo, su “yo descarado” le comenta que una oportunidad como esta tal vez no se le volverá a presentar, total, nadie tiene que enterarse, todo el mundo estará pendiente de las campanadas. Le tocaría estar con sus compañeros comiéndose las uvas, pero tiene la posibilidad de pasarlo bien con dos mujeres espectaculares que le han pedido “rememorar un verano inolvidable”. Durante varios minutos delibera consigo mismo dudando de donde está la fina línea entre el bien y el mal hasta que decide que no tiene por qué enterarse nadie, simplemente le pedirá a Andrés que le cubra en el caso de que alguien pregunte por él, sin dar ninguna explicación.

Reacciona cuando escucha al encargado gritar su nombre, busca en la despensa algo para disimular, sale con su botellín de agua y se excusa diciendo que tenía la garganta seca. El encargado lo mira enfurruñado y lo manda a la mesa de las chicas con más entrantes. Se obliga a centrarse, no puede fallar, las chicas están pendientes de él y el encargado también.

A partir de este momento solo tiene una cosa en la cabeza y eso hace que se equivoque en varias ocasiones, sobre todo cuando está en la mesa de ellas. De repente, le parece que las horas no pasan, mira el reloj en varias ocasiones, sin embargo, tiene la impresión de que el tiempo se está burlando de él. Por fin, son las doce menos cuarto, todos los comensales tienen sobre la mesa un bol de cerámica con las doce uvas y las copas con cava de Peralada. El personal está en la cocina, todos a punto para despedir el año y recibir el que empezará, cada uno con sus propósitos y deseos.

Felipe se acerca a su compañero Andrés y le miente al oído:

  • Tengo que ausentarme unos minutos, le prometí a mi tía que la llamaría antes de las doce. Si te preguntan por mí, excúsame, por favor.
  • Claro, no te preocupes – responde Andrés.

Se escapa hasta los Servicios de las Damas, abre la puerta lentamente y ve en el espejo el reflejo de Judith retocándose los labios rojos, detrás está Laura arreglándose el pelo. Se deleita mirándolas, no puede evitar excitarse, desea tocarlas, besarlas, penetrarlas.

Judith le hace señas para que entre, lo acorralan en la puerta y le quitan la ropa, dejándolo desnudo, luego se desnudan mutuamente, al tiempo que se besan, se acarician, pero cuando él se acerca, lo apartan suavemente, sin dejarlo participar. Felipe no puede más, pero ellas no tienen prisa, siguen acariciándose y besándose, poniéndole caliente.

De repente, se giran hacia él, le acarician, le besan, ya no puede más y se corre justo cuando tocan las doce, mientras todos se comen las uvas.

Judith y Laura se visten rápidamente, dejándolo sentado en el suelo y, antes de que terminen las campanadas, salen del Baño de señoras y se sientan en sus respectivos lugares, justo a tiempo para brindar con sus compañeras por el año que acaba de empezar.

Ana Lloberas

Ahora que se ha acabado la locura de las uvas, los brindis, los besos y abrazos obligados, ha podido escaparse de la mesa que comparte con sus padres y sus aburridos amigos. Tal vez tenía que haber suplicado más para que la dejasen ir a la fiesta que organizaban sus primas, aunque sean mayores que ella. Casi había convencido a papá, sin embargo, su madre insistió en que quería empezar el año con ella y, al final, no supo negarse.

En su mesa todos son viejos, excepto Ricardo que, por cierto, hoy está muy guapo vestido con frac y pajarita, aunque, realmente, no le cae demasiado bien desde que salió con Aida y, después de llevarla a la cama, la dejó para irse con esa chica barriobajera que tanto le desagrada.

Sube a la terraza, aspira el aire frío mientras observa las luces de la ciudad a sus pies. Se siente privilegiada de estar aquí, sola con una vista panorámica precios. Ahora se concederá el tiempo necesario para recrearse en el recuerdo de su amor secreto, ese chico que cada jueves la acaricia en el metro y que todavía no sabe quién es.

Como le gustaría que la viese ahora, con ese vestido corto, rojo, escote palabra de honor. En la peluquería le han recogido su larga cabellera a un lado, con clips adornados con brillantes. Sabe que está muy guapa, incluso ha pillado a Ricardo, varias veces, mirándola descaradamente. No puede evitar que se le escape una sonrisa al recordarlo.

Ricardo ha conseguido escaparse sin que su padre lo vea, sube a la azotea pensando en aprovechar la soledad para fumarse un cigarro a solas, tal vez se recree en el recuerdo del encuentro fortuito con su vecina, en el ascensor, es lo único que le ha animado la noche. Bueno eso y encontrarse con Ana, esa compañera de instituto que está muy buena, aunque sea una empollona y, seguramente, una estrecha.

Mientras se va acercando a la barandilla empiezan los fuegos artificiales, al fondo ve una silueta femenina. A medida que se acerca se percata de que es Ana. Debe reconocer que está espectacular con ese vestido rojo que realza su figura.

Se acerca lentamente, pensando que decirle, sin embargo, cuando llega a su lado siente que sobran las palabras. Un escalofrío recorre su columna vertebral cuando se miran y sonríen a la vez. Ana se abraza tiritando, Ricardo se quita la chaqueta y la pone sobre sus hombros suavemente, luego pasa su brazo a su alrededor y acercan las cabezas.

Él está a gusto con ella y desearía que este momento durase eternamente, siente algo en su interior que no sabría definir. Le gusta y le aterroriza a la vez, quizás eso sea amor. La mira y la encuentra guapísima, la besa en la mejilla al tiempo que ella le susurra:

  • Feliz Año Nuevo.
  • Feliz Año Nuevo – responde Ricardo.

Se miran a los ojos y sus bocas se buscan uniéndose en un largo y suave beso. Se quedan abrazados mirando el piromusical que parece creado especialmente para ellos.

Ana se siente inmensamente feliz, desea que esta noche no acabe nunca. Ricardo todavía no ha averiguado como se siente, pero le gustaría que el tiempo se detuviese en este momento. De repente, Ana siente la necesidad de preguntarle:

  • Ricardo
  • Dime, Ana.
  • ¿El jueves coges el metro?
  • No, casi nunca voy en metro, pero si tú quieres, a partir de ahora, lo cogeré cada día – responde sonriendo.

FIN

Lois Sans

18/01/2021

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